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Tipos de influenza: cuáles existen y por qué es importante conocerlos

Tipos de influenza: cuáles existen y por qué es importante conocerlos

La influenza es una infección respiratoria común, que tiende a aumentar en ciertas estaciones del año. A pesar de que se le conoce con frecuencia como “gripe”, no todos los virus de la influenza son idénticos ni tienen los mismos efectos en las personas.

Comprender los distintos tipos de influenza y sus diferencias te permite identificar cuándo un cuadro puede ser más leve, cuándo necesita más atención y cómo actuar adecuadamente para cuidar tu salud.

¿Qué es la influenza y por qué no es lo mismo que un resfrío común?

La influenza es una infección respiratoria causada por virus que afectan principalmente a la nariz, la garganta y los pulmones. Se transmite con facilidad y, aunque en muchos casos los síntomas son leves, no siempre es así. En ciertas personas, la influenza puede provocar cuadros más intensos y requerir mayor cuidado.

A menudo se confunde con un resfrío común, pero existen diferencias claras. El resfrío suele aparecer de forma gradual y con molestias manejables. En cambio, la influenza tiende a comenzar de manera repentina. Fiebre alta, cansancio marcado, dolores musculares y una fuerte sensación de malestar general son síntomas habituales que no conviene ignorar.

Además, la influenza tiene mayor riesgo de generar complicaciones, sobre todo si perteneces a un grupo de riesgo: niños pequeños, adultos mayores, personas embarazadas o con enfermedades crónicas. En estos casos, una infección que parece simple puede evolucionar de forma desfavorable si no se maneja a tiempo. Por eso, reconocer los síntomas y prestarles atención desde el inicio es fundamental.

¿Cuáles son los tipos de influenza y cómo se diferencian?

Existen cuatro tipos principales de virus de la influenza: A, B, C y D. Aunque todos pertenecen a la misma familia de virus, no todos afectan de la misma manera a las personas ni tienen el mismo impacto en la salud.

A continuación, revisamos las principales características de cada uno y por qué algunos son más relevantes para la población humana.

Influenza tipo A

La influenza tipo A es la más común y la que suele generar los cuadros más graves. Puede infectar tanto a personas como a animales y está asociada a epidemias estacionales y, en algunos casos, a pandemias.

Este tipo de virus se clasifica en subtipos, como H1N1 o H3N2, según ciertas proteínas de su superficie. Estas variaciones explican por qué el virus cambia con el tiempo y por qué algunas temporadas de influenza pueden ser más intensas que otras, especialmente en personas de riesgo.

En los últimos meses, el subtipo H3N2 ha concentrado mayor atención, debido a su circulación en distintas regiones y a la detección de nuevas variantes que son monitoreadas por las autoridades sanitarias.

De acuerdo con la información disponible, estas variaciones no implican necesariamente un aumento en la gravedad de los casos, pero sí refuerzan la importancia de la vigilancia epidemiológica y de las medidas de prevención, especialmente en personas que pertenecen a grupos de riesgo.

Influenza tipo B

La influenza tipo B afecta principalmente a las personas y también puede causar brotes estacionales. Sin embargo, suele provocar cuadros menos graves que la influenza tipo A y presenta menos variaciones a lo largo del tiempo.

Aunque no se divide en subtipos, este tipo de influenza sigue siendo relevante, ya que contribuye de forma importante a la influenza estacional que circula cada año.

Influenza tipo C

La influenza tipo C suele provocar infecciones respiratorias leves, con síntomas similares a los de un resfrío común. No se asocia a brotes importantes ni a cuadros graves en la población general.

Por esta razón, generalmente no representa un mayor riesgo para la salud pública en comparación con los tipos A y B.

Influenza tipo D

La influenza tipo D afecta principalmente al ganado y no se ha asociado a enfermedades en personas. Aunque forma parte de la clasificación general de los virus de la influenza, actualmente no se considera un riesgo para la salud humana.

¿Cómo se transmite la influenza y cómo prevenir el contagio?

La influenza se transmite principalmente de persona a persona, a través de gotitas respiratorias que se liberan al toser, estornudar o hablar. Estas partículas pueden ingresar al organismo por la nariz, la boca o los ojos, especialmente en espacios cerrados o con poca ventilación.

También es posible contagiarse al tocar superficies u objetos contaminados y luego llevarse las manos a la cara, lo que facilita la propagación del virus.

Para reducir el riesgo de contagio, es importante que tomes algunas medidas básicas:

  • Lavarte las manos con frecuencia, usando agua y jabón o alcohol gel.
  • Cubrirte al toser o estornudar, idealmente con el antebrazo.
  • Evitar el contacto cercano con personas con síntomas respiratorios.
  • Ventilar los espacios cerrados, especialmente en épocas de mayor circulación del virus.

Además, la vacunación anual cumple un rol importante en la prevención, ya que está diseñada para proteger frente a los tipos de influenza que circulan con mayor frecuencia cada temporada.

¿Cuándo consultar a un médico por síntomas de influenza?

En la mayoría de los casos, la influenza puede manejarse con reposo y cuidados básicos. Sin embargo, hay situaciones en las que es importante que busques evaluación médica, especialmente para evitar complicaciones.

Se recomienda consultar a un médico si aparece alguno de estos signos:

  • Fiebre alta o persistente, que no cede con el paso de los días.
  • Dificultad para respirar, dolor en el pecho o sensación de falta de aire.
  • Empeoramiento de los síntomas, en lugar de una mejoría progresiva.
  • Decaimiento intenso o confusión, especialmente en adultos mayores.

También es importante consultar de forma oportuna si los síntomas afectan a personas con mayor riesgo, como adultos mayores, niños pequeños, personas embarazadas o con enfermedades crónicas, ya que la influenza puede evolucionar con mayor gravedad en estos casos.

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La influenza puede evolucionar de manera distinta según el tipo de virus y tus condiciones de salud. Por eso, contar con acceso oportuno a atención médica te permite recibir una evaluación adecuada y prevenir complicaciones.

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